Dicen que 'novia mojada, novia afortunada', pero no creo que ninguna mujer quiera casarse bajo la lluvia. Más allá del toque romántico que un cielo encapotado pueda otorgarle a la ceremonia, no hay apenas ningún punto a favor. El bajo del vestido se moja; los zapatos se ensucian, el suelo resbala; hay que llevar paraguas o sobrevivir con el pelo mojado; el tráfico se ralentiza... Conclusión: la boda, como la vida, mejor con sol.
Quienes tampoco quieren convivir con unas nupcias pasadas por agua son —somos— las invitadas. Yo misma, sin ir más lejos, tengo una boda este sábado y el parte meteorológico no es nada optimista. De hecho, promete un 70% de probabilidad de lluvia. Agarrarse al 30 restante es inútil, ya que todos los días hasta entonces también dan precipitaciones y, por lo tanto, iglesia y finca estarán empapadas. Cuadrar un look para convivir con la humedad y el agua no es fácil, por mucho que alguien pueda decirme que la gran mayoría del día voy a estar en interior. ¿Qué hay de los traslados, las esperas o las colas para coger un taxi?
Que no sea fácil no quiere decir que sea imposible. ¿Acaso hay algo imposible para una chica que conseguirá ir a diez bodas sin repetir look y bailar hasta el amanecer con unos zapatos de doce centímetros? Se trata, como siempre, de conocerse bien, tanto a una misma como al armario propio. También de ser inteligente y de saber renunciar a ciertos complementos o tejidos en favor de otros más agradecidos. No está mal descolgar el teléfono y preguntar a expertas que pueden ser por supuesto diseñadoras o wedding planners pero también invitadas anónimas nacidas en Galicia y curtidas en el complejo arte de vestir con lluvia.

Tocados: ¿sí o no?
Esta boda invitaba a utilizar un tocado, pero la climatología me hizo dudar. ¿Se puede llevar un tocado en un ambiente tan húmedo? Ana María Chico de Guzmán, fundadora de Mimoki y experta en la materia, resolvió todas mis dudas. "En días de lluvia recomiendo tocados bien ajustados a la cabeza y con estructura", comentó la diseñadora. Se refiere a: "sombreros de ala media, diademas anchas, casquetes y pillbox, así como boinas elegantes, turbantes y bandeaux", añade. Las elegidas son "piezas que no se deforman con la humedad ni con el viento y, además, resultan muy favorecedoras con abrigos y tejidos de invierno. Prefiero evitar volúmenes excesivos o elementos muy etéreos, porque con la lluvia pierden forma y te obligan a estar pendiente de ellos todo el tiempo", me recomendó.
Una vez resuelta la duda de qué tipología elegir, le pregunté por el material. ¿Hay alguno más adecuado? "Los mejores aliados son los materiales nobles y compactos como el fieltro, la lana prensada, el terciopelo y los tejidos con cuerpo y estructura. Resisten bien la humedad, mantienen la forma y aportan un aire sofisticado al look", me explicó no antes de descartar otras materias más suaves y endebles. "Desaconsejo el sisal cuando es muy abierto o las flores blandas de gasa, ya que el agua las apelmaza y el tocado pierde presencia".